sábado, 16 de julio de 2016

"En África espera siempre lo inesperado"

Mañana me voy.

Tras casi dos días de viajes y aviones, de galletas intercaladas con siestas, de buscar posiciones y perder la noción del tiempo, llegaré a Nairobi a las 8h de la mañana. Allí me esperarán cinco horas más de viaje en transporte público hasta poder llegar a mi destino: Molo.

Molo es un pueblito que está a 2 500 m de altura, al noroeste del país. Pertenece al Nakuru County. En Kenia, el territorio se divide en counties que equivale a nuestras comunidades autónomas, una forma más de dividir y gestionar el territorio. Molo es uno de los puntos más fríos de Kenia, y aunque cuando pensamos en Kenia, lo primero que nos viene en mente es el calor, allí las temperaturas rondan los 15ºC y encima ¡es época de lluvias!

Tampoco he querido buscar mucha información ni muchas fotos. Yo voy con los ojos muy abiertos para absorber y aprender todo lo que pueda. Tras un año estudiando sobre el continente africano, empapándome de sus historias, sus economías, sus políticas, sus luchas y sus logros; aprendiendo cada día más sobre este continente tan diverso y tan plural, no puedo esperar a pisar su suelo y hablar con sus gentes.

Apenas conozco África subsahariana, solo he estado en dos ocasiones en Senegal; sin embargo siento una conexión enorme que difícilmente podría explicar con unas palabras. Para mí África es mi segundo hogar, un hogar en el que todavía explorar y lanzarse a la aventura es posible. Tierra de sueños, de batallas y sobre todo, DE FUTURO.

No sería capaz de transmitir la emoción, los nervios y la felicidad que me produce cambiar las calles de asfalto ardiente de la capital por las calles de arena rojiza del continente africano.

Me voy feliz, expectante y con una libreta en blanco que está obligada a volver llena. Ah, ¡y con mi cámara! Esa nunca puede faltar. Me voy a ser la versión femenina de Kapuscinski, hay que perseguir los sueños, eso siempre.


"Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por convención reduccionista, por comodidad, decimos 'África'. En realidad salvo por el nombre geográfico, África no existe." - Ryszard  Kapuscinski 

Alice

de la mano


"Je ne vous demande qu’une chose, l’union ! 

Par l’union, vous vaincrez.
Etouffez toutes les haines, éloignez tous les ressentiments, soyez unis, vous serez invincibles. 
Serrons-nous tous autour de la république en face de l’invasion, et soyons frères. Nous vaincrons. 
C’est par la fraternité qu’on sauve la liberté."


- Victor Hugo -


martes, 31 de mayo de 2016

Desaprender sin olvidar, desaprender para aprender.


Yo sin ti soy, como tú sin mí eres. 


Hay tareas en la vida que son muy complejas. Una de ellas es la vida.

Aprender y desaprender son dos grandes cosas que harán que la vida sea no menos difícil pero sí más enriquecedora. 

+ Aprender a querer, a superar muros, a luchar, a ESCUCHAR- esta suele ser de las más difíciles y la que menos personas saben hacer, a adaptarse, a entenderse, a valorarse y otros muchos acabados en -se, como querer-se, conocer-se, enriquecer-se, llorar-se y reír-se.

+ Desaprender sin olvidar, con cabeza, sin dejar de saber, que una vez esa fue la verdad absoluta - para ti y para muchos. Aquella por la que grandes caballeros luchaban y mujeres callaban. Las cosas cambian - dijiste sonriendo con la mirada caída. No todas - señaló mi mueca de medio lado. Algunos caballeros siguen luchando por verdades que ya caducaron. Algunas mujeres siguen callando sin saber que en sus pechos vibran más tonos que lo que pesa el miedo. Hay cosas que cambian y las hay que no. Ciertas personas seguirán chocando contra la misma puerta hasta que un día quieran saltar por la ventana que llevaba de par en par desde el primer día. Yo soy de esas que chocan alguna que otra vez; pero que no tardan mucho en descubrir la ventana y echar a volar.

* Yo he aprendido que no existe el amor verdadero en singular sino que existen tantos amores singulares como tú quieras creer que hay. El amor es cuestión de lenguaje, pero no solo de palabras. Los roces hablan, igual que los paseos y los regalos que se hacen con amor - un regalo siempre se hace con amor. Basta escuchar - que no es poco - y conocer al otro - que lleva tiempo y esfuerzo, para construir bases sólidas de confianza y un lenguaje común para dar y recibir de la forma más acertada. 

El amor es trabajo, admiración, respeto, confianza, ganas y mucha complicidad.

Desaprender por amor. para mejor. Aprender del amor.

Si echo la vista atrás, me doy cuenta que tuve muchas plantitas que no supe cuidar bien, por mucho que las regase cada poquito.

domingo, 10 de abril de 2016

Mapamundi

"Al sur, la represión. Al norte, la depresión.
No son pocos los intelectuales del norte que se casan con las revoluciones del sur por el puro placer de enviudar.
Prestigiosamente lloran, lloran a cántaros, lloran a mares, la muerte de cada ilusión; y nunca demoran demasiado en descubrir que el socialismo es el camino más largo para llegar del capitalismo al capitalismo.
La moda del norte, moda universal, celebra al arte neutral y aplaude a la víbora que se muerde la cola y la encuentra sabrosa. La cultura y la política se han convertido en artículos de consumo. Los presidentes se eligen por televisión, como los jabones, y los poetas cumplen una función decorativa. No hay más magia que la magia del mercado, ni más héroes que los banqueros.
La democracia es un lujo del norte. Al sur se le permite el espectáculo, que eso no se le niega a nadie. Y a nadie molesta mucho, al fin y al cabo, que la política sea democrática, siempre y cuando la economía no lo sea. Cuando cae el telón, una vez depositados los votos en las urnas, la realidad impone la ley del más fuerte, que es la ley del dinero. Así lo quiere el orden natural de las cosas. En el sur del mundo, enseña el sistema, la violencia y el hambre no pertenecen a la historia, sino a la naturaleza, y la justicia y la libertad han sido condenadas a odiarse entre sí."

Eduardo Galeano

miércoles, 6 de abril de 2016

mi pulsera favorita

Teresa tenía 17 años cuando la conocí. Yo tenía 15 y era la primera vez que ponía mis pies en la tierra rojiza del África subsahariana. Fue en Badian, un ecocampamento solidario a orillas de río Gambia, construido por la ONG Campamentos solidarios con la que tuve la oportunidad de viajar a Senegal por primera vez.

Aquello fue una etapa más de nuestro viaje y sin duda mi favorita. Allí conocí a Mamadou y a Teresa. Aún recuerdo como nos recibió toda la comunidad. Nos organizaron una fiesta. Llegamos de noche, agotados del trayecto lleno de baches y todos bailaban. Había pocas luces y mucha música. Ah, y mucha comida también. Nos sacaron a bailar. A mi a la fuerza. ¡No sabéis qué bien bailan! Todos, absolutamente todos. Al principio uno se siente intimidado, pero es tanta la energía que transmiten que en seguida te contagian y tu cuerpo responde como reflejo.

de izquierda a derecha: Teresa, yo y una de las amigas de Teresa
La mañana siguiente estaba en mi cabaña dándome una ducha. Salí envuelta en mi toalla, ya empapada en sudor. Hacía un calor horrible. Parece que fue ayer. Teresa estaba barriendo la cabaña y tirando la basura cuando yo salía de la ducha y nos encontramos por primera vez. Me pegué un susto de muerte y ella se rió a carcajada limpia. Nos cruzamos un hola muy tímido. Me hizo gracia que no se fuera para dejar que me cambiase. Esperé un momento y aproveché para preguntarle cómo se llamaba. Teresa, me respondió. Hablaba bien francés. Al ver que no se iba decidí vestirme allí mismo. Ella seguía recogiendo y cuando acabó me dijo un adiós alicia aún más tímido, pero con una sonrisa y unos ojos brillantes.

No recuerdo exactamente cuántos días estuvimos en Badian. Diría que sólo fueron 4. Aún así para mí fue la mejor parte del viaje. Hablaba con Teresa todo el día. Me escuchaba y la escuchaba. Nos reíamos y me hablaba de su sueño: llegar a Europa. Qué triste pensé al oírlo por primera vez. Ella lo tenía claro. Parece que allí los jóvenes nacen con las ganas de irse de África escrito en sus venas. Ojalá la fuga de cerebros cambie. Ojalá de verdad lo haga.

Teresa y yo reíamos, bailábamos. Le regalé ropa. Aún recuerdo una de las noches. Nos invitaron a la fiesta de un poblado, no muy lejos de Badian. Decidimos ir todos andando. Debían ser 3 kilómetros más o menos. Bailamos, comimos, reímos y se nos hizo de noche. Tuvimos que andar esos 3 kilómetros con la poca luz que daba la luna. Yo iba con Teresa que llevaba a caballito a Alvarito, que debía estar en su quinto sueño. "Como venga un león..." - le dije a Teresa. Ella se rió de mí y no sé qué debió rondarle la cabeza pero seguro que algo parecido a : estos europeos...

No hacen falta palabras para forjar una amistad, sólo sonrisas y miradas. Quizás penséis que exagero, pero en aquellos días sentí una conexión increíble. Algo difícil de explicar con palabras.

La última noche estuve con las amigas de Teresa en la cocina. Ellas trabajaban allí. Hacían la comida, limpiaban las cabañas e iban al pueblo a hacer la compra. Estuvimos en la cocina haciéndonos mil fotos con el temporizador. Lo pasamos fenomenal.

Al día siguiente Teresa se acercó y me regaló su pulsera. No sólo era una pulsera, sino que eran todos sus ahorros. Para mí fue un gesto mágico y desde aquel día no me quito la pulsera. nunca. Lleva siete años en mi muñeca. A veces en mitad de cualquier sitio, me tocó la pulsera con la mano izquierda, rápido y asustada pensando que la he perdido. Llevo un trocito de Teresa en mi muñeca todos los días de mi vida y os puedo asegurar que es lo que me da la energía para conseguir, pasito a pasito, mis sueños. Con esa pulsera ella y yo hicimos una promesa: "volveré a Senegal". Dos años después volví pero no la pude contactar. Espero que más pronto que tarde pueda cumplir esa promesa, la de verla.

Teresa y yo en la fiesta del poblado, el día que se nos hizo de noche

Quizás esta historia no la hubiera contado igual hace unos años pero así la recuerdo ahora. Llena de amor y amistad.

"¡Estamos vivos de milagro!" - decía siempre Miguel.

Alice

miércoles, 30 de marzo de 2016

desorganización

¿Sabes cuál es mi problema? 

El mundo en el que vivimos. Del cual soy parte y cómplice, admito.

No aguanto esta lluvia de información, me harta y me cansa. físicamente y mentalmente. 

No consigo hacer nada. No consigo calmar mi sed. 

Acabo de comerme una lasaña de verduras y ya me duelen las tripas. Los nervios se han cargado de joderme la digestión. Día  30 de marzo. Día 1 de septiembre. Este año todo al día.

Intento leerme un artículo y ni siquiera llego a la mitad, cambio a otro y luego a otro. Y me veo un vídeo en youtube y salta otro con un título más interesante pero de repente me escriben un whatsapp y el teléfono suena. una y otra vez. Y la lucecita del móvil, sé que me mira de reojo, lo sé. Me meto en twitter, diez increíbles artículos en menos de un segundo. Una bomba. Derechos humanos. Violaciones. Exposiciones. Cuadros. Instagram. Una foto aquí, una foto allá. STOP.

Mi cabeza me pide STOP. Mis ojos me piden STOP.

¿Sabes cuál es mi problema? No soy capaz de concentrarme ni una milésima de segundo sobre un tema. ¿Acaso me aburre el tema? Quiero pensar que esa no es la razón, quiero pensar que estoy haciendo lo que me gusta, aunque me cueste mucho y me sienta una inculta el 99% de las veces. 

¿Sabes cuál es mi problema? Que todo es muy grande, muy amplio, muy basto y yo, pequeña, aún no he encontrado eso pequeño que me llene por dentro.

Esther Duflo, economista francesa, se centra en cuestiones pequeñas, en preguntas específicas con sus correspondientes soluciones. Duflo no cree en las grandes preguntas y duda mucho de sus grandes respuestas. Intenta buscar una solución a la pobreza del mundo y cree que grandes economistas como Sachs, Easterley... están lejos de lograrla con sus grandes ambiciones y recetas mágicas.

Debería ser como Duflo. 

Las cosas pequeñas acaban haciendo grandes cosas y yo, siempre, quiero construir las casas por el tejado pese a que me reiteren que así no hago nada sólido.

Cimientos. Cimientos. Cimientos.

Ese es mi verdadero problema.