¿Sabes cuál es mi problema?
El mundo en el que vivimos. Del cual soy parte y cómplice, admito.
No aguanto esta lluvia de información, me harta y me cansa. físicamente y mentalmente.
No consigo hacer nada. No consigo calmar mi sed.
Acabo de comerme una lasaña de verduras y ya me duelen las tripas. Los nervios se han cargado de joderme la digestión. Día 30 de marzo. Día 1 de septiembre. Este año todo al día.
Intento leerme un artículo y ni siquiera llego a la mitad, cambio a otro y luego a otro. Y me veo un vídeo en youtube y salta otro con un título más interesante pero de repente me escriben un whatsapp y el teléfono suena. una y otra vez. Y la lucecita del móvil, sé que me mira de reojo, lo sé. Me meto en twitter, diez increíbles artículos en menos de un segundo. Una bomba. Derechos humanos. Violaciones. Exposiciones. Cuadros. Instagram. Una foto aquí, una foto allá. STOP.
Mi cabeza me pide STOP. Mis ojos me piden STOP.
¿Sabes cuál es mi problema? No soy capaz de concentrarme ni una milésima de segundo sobre un tema. ¿Acaso me aburre el tema? Quiero pensar que esa no es la razón, quiero pensar que estoy haciendo lo que me gusta, aunque me cueste mucho y me sienta una inculta el 99% de las veces.
¿Sabes cuál es mi problema? Que todo es muy grande, muy amplio, muy basto y yo, pequeña, aún no he encontrado eso pequeño que me llene por dentro.
Esther Duflo, economista francesa, se centra en cuestiones pequeñas, en preguntas específicas con sus correspondientes soluciones. Duflo no cree en las grandes preguntas y duda mucho de sus grandes respuestas. Intenta buscar una solución a la pobreza del mundo y cree que grandes economistas como Sachs, Easterley... están lejos de lograrla con sus grandes ambiciones y recetas mágicas.
Debería ser como Duflo.
Las cosas pequeñas acaban haciendo grandes cosas y yo, siempre, quiero construir las casas por el tejado pese a que me reiteren que así no hago nada sólido.
Cimientos. Cimientos. Cimientos.
Ese es mi verdadero problema.
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