jueves, 24 de marzo de 2016

nací siendo alma nómada

"Si viajar fuera gratis, nadie en el mundo me pararía lo pies"- me dijo Dulce ayer por la noche mientras me contaba su viaje por Colombia, justo cuando aquí en España el reloj daba las 2 de la madrugada y yo me metía en la cama. Buen pretexto para soñar con caminos por recorrer, pensé yo.

Nos conocimos en Montreal, compartimos el frío y las ganas de viajar. La misma curiosidad de ojos insaciables por conocer. Ese amor por culturas desconocidas, por las diferencias que nos hacen más ricos y los idiomas que nos acaban conectando, de cierta forma, aunque no única. El compartir pasiones es lo que de verdad une a la gente. Por eso, pese a los kilómetros, nos seguimos contando nuestras historias y en el horizonte nos espera una aventura juntas, ojalá.

Quien me conozca bien sabrá que cualquier excusa es buena para montar un viaje, para llenar una mochila y que cualquier momento es bueno para subirse rumbo a ninguna parte. Yo vine a la vida siendo viaje. Me enseñaron a escuchar para después poder hablar. A preguntar no sin antes buscar. 

Una escapada a tiempo es mi mejor medicina. El cambio de aires me cura las heridas como lo hace el agua de mar.

Mi alma es nómada, tanto que a veces me enfada el no imaginar mi vida en un solo lugar. Me enfada el no poder disfrutar del presente tanto como me gustaría. Mentiría si dijera que pasa un minuto sin que se me vaya la mente algún lugar pasado o futuro. Dicen que aquellos que no saben saborear bien el presente deben aprender a hacerlo y que así es como uno es feliz. Yo soy feliz, pero insisto, no pasa un minuto en que no navegue mi mente por recuerdos pasados. No pensando que fueron mejores pero sí saboreando la nostalgia del momento, porque me gusta, sí. Ni un minuto sin inventarme una historia en mi cabeza, catapultándome de aquí a 2 años. Y qué pasaría si... y si... Te imaginas ser... o hacer... Soy capaz de montarme novelas en cuestión de segundos, algunas dramáticas en las que tengo un accidente o me detectan una enfermedad (dios no lo quiera, nunca jamás) y otras más bien cómicas en las que me imagino estampándome contra una farola (y si me hubiera girado justo en ese momento y me hubiera dado en la cara...)

Me gusta pensar que cada uno tiene su forma de ser feliz. A mi me gusta vivir así. Ojo, sin dejar de ser y existir y crear y sentir. No me encierro en recuerdos ni vivo colgada de un globo a 200 metros del suelo. Sin embargo, disfruto de la nostalgia que me producen ciertos recuerdos. Sonrío cuando un olor se cruza por mi camino y me lleva a un momento pasado, me sonrojo con lo bonita, lo feliz y viva que me veo en fotos pasadas y me río mucho de cómo/qué pude llegar a hacer o decir.

Mi motor es el ansia de movimiento, la necesidad de cambios, la curiosidad que me picó al nacer y las respuestas que encontraré (o las preguntas que me llevaré). 

Mi gasolina, el próximo viaje.

Alice

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