lunes, 14 de marzo de 2016

fijando horizontes

De vuelta a ti, a las horas de oscuridad y letras luminosas perdidas entre tanta quietud. De vuelta a las altas horas de la madrugada, a las ganas de contar sin llegar a decir nada firme. A las canciones lentas en reproducción. Subiendo y bajando el volumen sin parar. Cuando escribo parece que el sonido nunca se adapta a mis palabras. Siempre muy bajo, siempre muy alto. Arg. Al abrirme como un libro y sentir que solo puedo leerme en vertical. Leerme me sigue costando mucho pero siento que poco a poco lo voy consiguiendo. Voy desaprendiendo cosas que cada vez me hacen más feliz, más humana, más sensible quizás; pero más fuerte a su vez.

Creo que es importante que nos pongamos metas en la vida, aunque meta quizá no sea la palabra adecuada ya que implicaría victoria y fin, como cuando un corredor cruza la línea de meta. No hablo de metas, sino más bien de pequeños horizontes con palabras escritas y sueños dibujados que nos hagan correr, subir montañas y nadar lagos. Hablo de esos horizontes que te hacen levantarte por la mañana- grandes, pequeños- pero ante todo horizontes, nuestros. Hablo de la utopía de Galeano, de esa que nos hace caminar por esta vida tan maravillosa.

A veces, de tanto en tanto, me pasa que escucho, leo o veo algo, y me entra una fuerza interior, un empujón, una motivación que me crea diez mil millones de horizontes a la vez. Se me acumulan los sueños, las cosas que hacer, que querer y que proyectar. Me pasa cuando conozco a alguien, al que acabo admirando. La gente me da mucha fuerza, por eso a veces me da tanta pena que nos intentemos poner la zancadilla cuando, en realidad, construiríamos imperios de la mano. 

El sábado fue uno de esos días que te chutan a sueños, que te cargan los niveles de adrenalina y en los que te sientes reina de la ciudad. En los que (envidias) admiras y aprendes de la gente. A mí se me plantó Pepe Naranjo, un periodista freelance en África que daba un taller de reportero en África en la escuela de periodismo de El País. Es un jodido crack. Le corre honestidad, solidaridad, arte y mucho valor por las venas para hacer lo que hace. Le da voz a personas que lo merecen y que sin él, no la llegarían a tener nunca. Persigue historias aunque arriesgue la vida. Y nos las cuenta. Mira a África con optimismo y nunca despegando los pies de la realidad. También conocí a María Rodriguez, periodista también, de 27 años. Con ella comparto no sólo el amor por el continente africano sino que hace dos años hizo el mismo máster que yo. Eso me acercó más. María, lleva falda de tubo verde y un moño, bien arreglada, de tal forma que nadie se la imaginaría macuto a la espalda dejando el país y cambiándolo por las calles de Burkina Faso. Es admirable y muy valiente perseguir lo que amas y compartir con los demás un poquito de ti, para que te disfruten, aprendan y entiendan que la vida necesita más de esta gente, humana, sincera, cercana.

Este verano me voy a Kenia y a Uganda y sólo pienso en las ganas que tengo de escribir y fotografiar todo. En buscar historias, en crear las mías, oír las suyas y luchar por un futuro de otras muchas. 

Me estoy leyendo "Estrellas negras" de Kapuscinski, así que me despido que me tiene muy enganchada.

Alice

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