martes, 25 de diciembre de 2012

UTOPISTES, DEBOUTS

Lo bonito de la vida es creer en ella. Es levantarse, mirarse al espejo y ver que tus ojos brillan fuerte como el primer día; como el día en que quisiste empezar a perseguir tus sueños asumiendo que tú siempre serías más grande que ellos por mucho que a veces te diesen miedo. Que tus pupilas son capaces de encender fuegos artificiales y tu sonrisa podría parar una guerra. Lo bonito de la vida es despertarse. Despertarse en todos los sentidos. Abrir los ojos, y apagar la televisión. Despertar a tu corazón por muchas hostias que le hayan dado. Y amar fuerte, como decía Extremo “ama, ama y ensancha el alma”. Lo bonito es dibujar lo que no sabes contar y cantar todo aquello que serías capaz de gritar. Fue hace cuatro meses cuando mis ojos quisieron estallar de tanto brillar. Fue entonces cuando atravesé el planeta, de punta a punta. Solía tener charlas existenciales antes de llegar a la otra punta del mundo, solía dormir en un lugar llamado luna lleno de fotografías y luces de todos los colores. Solía leer más y escribir más también. Solía hacer muchas cosas que ya no hago, como perder los domingos pateándome Barcelona, tener charlas hasta la madrugada a cerca de mensajes que conllevan una batalla entre el botón de “enviar” y tu honor, solía andar con ella hasta la playa con tal de no tener que estudiar. Solía hacer muchas cosas a las que yo llamaba perder el tiempo. Y a veces pienso, que todos esos 

momentos, que no eran más que una forma de matar al tiempo, son los momentos más importantes de mi vida. Que en esas charlas, en las que nuestros pies se separaban todavía más del suelo, he tomado las decisiones más importantes. Y que en esos paseos, llegué a encontrar los mejores lugares de mi amada ciudad. Lo bonito de la vida es esto. Son todos esos momentos que echas de menos y en un momento dado recuerdas, y obviamente, sonríes.




Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.


Muere lentamente quién deja escapar un posible amor, con tal de no hacer el esfuerzo de hacer que éste crezca. Muere lentamente quien no viaja, quien no lee,
quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo.



2 comentarios:

Juana dijo...

alice is back? un poco melancólica, no? :)

clara dijo...

dear alice,
here and now, i've decided to retake my blog-writing since i admired what i read from you.
clap clap clap (muy bonito todo como siempre :))