martes, 10 de abril de 2012

"Yo he visto cosas, he vivido cosas. No creo en el destino."

Y aquí estamos de nuevo. arrastrando nuestras vidas bajo la eterna mirada del tiempo, tirando de las cosas que no se sujetan por si solas, insistiendo y derribando todo lo que podemos. Seguimos acompañando a la insatisfacción por las calles o seguimos dejando que nos acompañe más bien. Las aceras huelen igual que en enero y no es sólo porque la lluvia se haya vuelto a instalar. Algunos dicen que es culpa de la gente, que el mundo se nos viene abajo. Y una vez más, aquí estamos con el mundo enfadado a nuestras espaldas.



Quizás ya cansa oír hablar de revoluciones ahora que se han puesto de moda, quizás sea demasiado pronto para ponerse serios y demasiado tarde para reírse de todo lo que nos rodea. Quizás no me creáis si me declaro feliz, pero eso ahora me es indiferente. Desde que era una niña soñaba con dar la vuelta al mundo montada en un elefante. Soñaba con viajar, con conocer ciudades, con ser lo que se conoce como un ciudadano del mundo. La ciudad se me hacía pequeña y cualquier escusa me valía para poder echar a volar. Y hablando de volar, he vuelto a sentir esa electricidad de la que hablaba billy elliot cuando se ponía a bailar, he vuelto a sentir en el estómago a un pájaro enorme intentado escapar. Y desde entonces no busco lugares en los cuales hallar algún modo de comprender la situación, eso ya caduco hace tiempo y el sabor que me ha dejado es terriblemente estupendo. ¿Conoces aquellas pesadillas en las que cada paso que das te hace retroceder? ¿En las que quieres gritar y no te sale la voz? Así me llegué a sentir yo, igual que un grito sin voz, igual que una carrera hacia atrás, igual que dialogar con un muro. Llegué a sentir que la ciudad era demasiado grande como para poder encontrarte, o como para encontrar alguna certeza, fuera la que fuese. Y por primera vez se me hizo una ciudad grande, se me hizo enorme. Me sentí tan pequeña como cuando me enfrento al mar. Pero como ya he dicho duró poco ese sentimiento, y no sabes lo que me alegro de ello, y lo que disfruto con este sabor nuevo. Quizás era el momento exacto de dejar atrás nuestro tiempo.

Si os soy sincera no creo que el mundo se esté viniendo abajo ni mucho menos. Igual el aire ha traído un poco de melancolía a estos garitos en los que nos ponemos a escupir palabras con sabor a muchas cosas, pero os aseguro que es algo pasajero eso sobre lo que escribis o al menos así lo pienso yo.
Hoy es martes, y cada semana que pasa quiero más a este día. Al principio pensé que no sería capaz de enfrentarme yo sola a quince niños, pensé que me acabarían comiendo, que su voz sería más alta que la mía. Y no es que no lo sea, porque la verdad es que a veces no hay quien ponga orden, pero el amor que siento cada martes es único y cada día me alegro más de esto que tengo. Hoy me han hablado de 'esas cosas que hacen los mayores', y no he podido evitar reírme. Me hacen recordar cómo se ven las cosas desde allí abajo, cómo las veía yo hace no tanto y me hace feliz, muy feliz.

En esta vida hay que quererse mucho, es lo que más nos hace falta, lo que arranca más sonrisas sinceras. No sé porque he acabado hablando del amor pero supongo que al leer lo que habéis escrito me he parado a pensar en esos 'basta ya' que escribís y en lo que igual creéis, pero deteneos por un minuto. La ambición es tan buena como mala y esto es tan cierto como incierto está claro. Pero por mirar al cielo nos quedamos sin conocer la tierra, ¿te suena?
El aire es fresco, la vida huele bien y nosostros tenemos la suerte de poder decirlo. Lo más probable es que no tengas ni idea de dónde acabarás, y eso, eso es lo mejor de todo. Me voy a pensar en mi elefante.

Bona nit



Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquéllo que desea.

1 comentario:

Ariadna dijo...

me. encanta. alice.

¿Por qué escribes tan bien?

bisous. Bona nit! :)