viernes, 20 de abril de 2012

la poésie au service de la révolution

no sé dónde leí que existían tres tipos de personas en esta vida: los que la viven, lo que lo intentan y los que sueñan. podemos empaquetarnos en cualquiera de los tres lugares, un día podemos estar en uno, y al día siguiente en otro todo depende de la época por la que estés pasando. pero al fin y al cabo seguiremos perteneciendo todos al mismo paquete grande y, como no, moriremos. unos antes y otros después eso ya lo sabemos. ya nos sabemos esta historia de memoria. que si la muerte, que si las personas, los mundos que se cruzan, la gente con ideas, y los besos con historias. que si que si. hemos conseguido explotar todos y cada uno de los sentimientos que puede llegar a tener el ser humano, hemos conseguido contar cosas de las formas más bonitas que jamás había visto. hemos conseguido darle sentido a lo que no lo tenía, o dosificar el caos en pequeñas raciones de palabras con sabores. hemos conseguido dar de sí todo y más. el tiempo lo machacamos entre todos, le intentamos buscar solución, intentamos luchar contra él. le insultamos, le escribimos y le maldecimos, pero ahí sigue. la muerte, la vida. los mundos. las peonzas de Kerouac. los eternos movimientos de una chica sin ciudad. las idas y venidas que siempre acaban sonando igual. la palabra frustración. y un sin fin más de millones de cosas que fueron repetidas en algún lugar del camino. lo dejaremos en un simple etc etc
la estructura ya aburre, cansa el conjunto y aplasta el detalle. ya no hay fondo en nada de lo que ponemos. escribimos que somos eternos amantes de la vida, escribimos que soñamos con volar y que los pies no los tenemos atados a la tierra. sí, esos somos nosotros, aquellos que nos hacemos llamar soñadores y que tenemos preparada nuestra frase, la típica frase que arrastramos desde que éramos niños, la típica coletilla que creemos que justifica de manera precisa y correcta nuestros actos. y aquí la tenemos: son malos tiempos para los soñadores.
ya aburre, me cansa, me fatiga hasta decir basta esto en lo que se ha convertido nuestra escritura. ella me dijo que ya no tenía nada sobre lo que escribir. ¿sólo los locos, los que están transtornados pueden escribir? igual nos vamos a tener que chutar a prozac y empezar a escribir a las 4 de la mañana. igual vamos a tener que imaginar un poco más. debemos soltar los pies de la tierra pero esta vez de verdad porque como sigamos escribiendo sobre el día a día yo me pego un tiro. 
yo me divierto viviendo, me apasiona perderme por el barrio gótico y al fin encontrarme cerca de las ramblas rodeada de guiris que van en chanclas aunque llueva. a mi me gusta vivir y todos sus derivados. me gusta llorar, e incluso saltar. me gusta la vida, de eso no cabe duda. pero no me gusta escribir sobre ella, al menos ya no. ya me cansa esas especie de retahílas morales que pretendemos dar, me cansa hablar de aquello que no tenemos ni idea. me enoja que las palabras se repitan ante miles de paisajes diferentes, que se amolden al lector y que se cambien de abrigo para creer que no es siempre la misma historia. 
yo ayer salí a la calle porque pensé que un elefante se había escapado del zoo. vivo en frente del zoo de barcelona y muchas veces oigo a las fieras al salir de clase de árabe y  ayer recibí la noticia de que un elefante se había escapado por la parte trasera del zoo. la parte trasera da a una carretera muy fea de doble sentido y está a unos cinco minutos a pie del mar, y calculé que eso para un elefante serían tan sólo dos minutos y seguramente si tenemos en cuenta que estaría asustado y que iría rápido: un minuto. el elefante que se había escapado tardaría exactamente un minuto en llegar a la playa según los cálculos que yo había establecido, por lo que si salía a la calle era muy probable que en un minuto aproximadamente escuchase a los guiris que toman el sol en la playa (aunque haga un frío del carajo) gritar a pleno pulmón. Por eso salí a la calle. no me quería perder aquella sinfonía única en la vida. al igual que tampoco quería perderme el ver un elefante en la playa. (y es que siempre amé a los elefantes). entonces, como he dicho, salí corriendo de casa para reducir mis supuestos cinco minutos en al menos tres. no oía nada, así que pensé que mis cálculos eran erróneos y que tarde o temprano algo se escucharía. llegué a la playa y no había guiris. llegué y no había un elefante que se había escapado del zoo. llegué y no había nadie. ayer fue un día raro, de esos en los que el tiempo está completamente loco, en los que te sientes esclavo de la naturaleza y fiel aliado del hombre. ayer hizo sol, y luego empezó a llover mucho. la playa estaba vacía porque las nubes eran grises y ni los guiris se atrevían a sentarse en la arena mojada. di media vuelta y entré en el zoo.

y dime, si no te alejas tú de la realidad quién lo hará? 

'who says we have to be realistic?'

3 comentarios:

pescadoradeestrellas dijo...

"me enoja que las palabras se repitan ante miles de paisajes diferentes, que se amolden al lector y que se cambien de abrigo para creer que no es siempre la misma historia"
creemos que vivimos lo que leemos y también lo que escribimos
nos engañamos

pescadoradeestrellas dijo...

estoy repe jajajajajajaja

un café de máquina dijo...

no había visto esta entrada. gracias por escribirla