domingo, 11 de marzo de 2012

si cierran la mirilla rompo la ventana. LONDON 2012 pgs

había olvidado que las venas son capaces de latir al ritmo de una canción. había olvidado eso y mil sensaciones más. olvidé lo divertido que era salir en busca de una aventura, y lo catastrófico que podía llegar a ser apostar por un lugar que no conoces de nada. olvidé lo molesto que era compartir habitación con ocho personas, con gente que ronca y que huele a humano en potencia. olvidé que los ataques de risa a altas horas de la madruga se multiplican por mil vatios por segundo. la satisfacción que produce llegar a un sitio sólo con la ayuda de un mapa. el sabor del chocolate caliente cuando se tienen las manos frías. el calor que dan los gorros de lana y más si tienen forma de oso. olvidé que los autobuses en londres te hacen volar por la ciudad e imaginar a los humanos como pequeñas hormiguitas [que aplastar]. olvidé aquel sabor que está en el aire de las ciudades sin dueño. aquello que llaman descubrir o conquistar...


y fue un miércoles a las tres de la mañana cuando lo recordé. fue allí, en londres, cuando me di cuenta de que las luces cambian en cada ciudad, de que los decorados están fijos y no existen cambios. y recordé todos los paseos por ciudades sin nombre, todas las calles que he recorrido sin rumbo. recordé, recordé y me perdí recordando. y sentí. sentí una curiosidad loca.
redescubriemos londres con un macuto en la espalda y una cámara en la mano. se nos hincharon los ojos de tanto absorber. repetimos rutas sin darnos cuenta. nos perdimos. nos encontramos. buscamos miradas radioactivas tras las mirillas de las puertas, pero sólo encontramos corazones estresados que movían sus cuerpos a una velocidad vertiginosa. y nos dio miedo ver como todo iba tan rápido y decidimos dar vueltas como norias, sin fin. y grabamos y reímos y sobretodo corrimos. corrimos mucho de un sitio a otro y por testigo tenemos a las agujas del reloj que no dejaban de gritarnos sin decir nada.
y fue el sábado por la noche cuando más recordé, cuando más sentí. había olvidado lo preciosas que son las luces de los conciertos y lo preciosos que son los conciertos en sí. había olvidado el sabor de un bocata en la cola de un concierto, la sensación misma de espera de un concierto. al bailar recordé todo, las luces se fueron colando por mis retinas y mi cuerpo se movía solo, abducido por unas letras perfectas. fueron sólo tres días, pero fueron tres días en los que adoptamos a nuestra manera una ciudad, en los que los pancakes se convirtieron en nuestros fieles amigos, y el chocolate caliente en el mejor. fueron cuatro noche en las que nos creimos fuertes, grandes, nos creímos tan gigantes que pensamos que nadie nos destruiría en la tierra, al menos en ese momento. conocimos a muchos músicos de la calle, bailamos con ellos y compartimos el frío. nos dimos calor e intercambiamos sonrisas. grabamos aviones despegar y saltamos encima de maletas para poder despegar nosotras mismas. hablamos inglés. (mucho mucho mucho) run away run away. descubrimos candem. nos adentramos en ese nuevo planeta y salimos con los ojos más grandes todavía.
y de tanto absorber, de tanto andar, de tanto correr y de tanto bailar... estamos que nos caemos. pero volveremos a explotar, volveremos a conquistar ciudades, a alquilar verdades, a chutarnos a historias, volveremos a fumarnos los días con estas mismas ganas, a comernos el mundo de un mordisco, a sentirnos gigantes en la tierra. 



1 comentario:

clara dijo...

"La vida es un país extranjero"

Firmado: Kerouac

Y sí, tengo que recorrer la carretera, definitivamente, como él!