jueves, 29 de marzo de 2012

sed de vivir



el huracán al que siempre amé está más vivo que nunca. ahora estoy lejos de él pero en una semana nos volveremos a ver. ella + yo formamos parte de el huracán. no quiero que se vaya sin decirme adiós y mucho menos que me diga adiós. no quiero que deje de untar las tostadas por las dos caras y que siempre intente colar un trozo de salmón en una de ellas. no quiero que la luna deje de oler a hogar y tampoco quiero entrar y que no haya nada en el suelo. no quiero que mi mujer me deje porque ahora es más mía que de nadie más. no quiero que suene esa maldita melodía que nos pone a todos alerta y que sin embargo echaré tanto de menos. no quiero pensar en el fin de la luna y tampoco en todas las cajas que tendremos que llenar. no quiero pensar que el hoy tiene un final porque me encanta. no quiero tener que poner más sonrisas falsas, al igual que tampoco permitiré que me traten de farsante. eso para empezar.

y para seguir: de cabeza he rebotado en madrid, otra vez. de vuelta a la ciudad de la que salí. y he pensado en lo que dijo kavafis, en eso de que las ciudades se llevan dentro. y la verdad no sé si llevo más dentro a barcelona o a madrid. me arriesgaré a decir que es barcelona la que consigue que pierda la cuenta de escalofríos. la que hace que las sonrisas ocultas se me escapen por sus calles y la que ha convertido mis suspiros en algo habitual frente al mar.

no necesito tren ni brújula, ni alas que me hagan volar. no quiero barcas, ni telas que frenen el viento. puedo atravesar sabanas y perderme por las selvas. puedo vadear ríos y volar por las noches. si nos ponemos retos. te diré que puedo nadarme el desierto entero. y es más, te diré que escalaré el cielo trepando por sus nubes. sin necesidad de paracaídas, de piolet ni de escudos bombardeados de tanto luchar. no necesito de eso. me persiguen cien mil ojos que huelen a frustración e incluso a compasión. acompañados de otras cien mil lenguas venenosas. y por esto y más cosas, hoy más que nunca huele a aventura. súbete a mi, camarada. navegaremos, náufragos de nosotros mismos. súbete ya que luego no tendremos puerto en el que bajar. eso para terminar. 

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