martes, 20 de marzo de 2012

Et je m'en fous des traditions, de leurs tabous, de leurs menaces... ¡Vive la révolution, que l'amour les remplace!




No quería acabar hablando de las ruinas que uno es capaz de sentir por dentro. No quería acabar escribiendo lo que tendría que cantar, pero entre escribir y cantar sólo me separa gritar y pensé que poco podía cambiar. Pensé que los corazones de hierro estaban protegidos contra cualquier ataque, pensé que estaban blindados contra las balas que se dispararon sin querer. Y que ya nada iba a doler. Lo cierto es que ya no sé si duele, y tampoco sé si vivo o sueño, igual que nunca diferencio los nombres david y daniel; pero esto último es una pequeña dislexia mental, y yo de lo que hablo ahora es de una dislexia emocional. No distingo ningún término que se acerque al corazón. Ya no entiendo las palabras sentimientos ni promesas. Quedan lejos ya, muy lejos. Lo que más me preocupa es pensar que si el corazón ya no duele es porque ya no siente y si no siento,  este problema se convierte en una enfermedad realmente grave.
Y tú. Si sigues con tus historias de piratas que naufragan en islas de desiertas, o con tus verdades que en realidad apestan a mentiras tendré que diagnosticarme algo. Así que no sigas jugando a los médicos, ni poniéndole parches a corazones agrietados. No sigas. Porque si sigues se curará el corazón, se curará como el parquet con una capa de barníz. Y lo que no sabe la gente es que por mucho barníz que le pongas, el suelo seguirá poniéndose feo, como lo son las grietan en un corazón.
Pensé que las botellas de vino sólo eran para dos, tú me lo enseñaste. Y ahora necesito una de esas botellas. Un vino tinto, con ese precioso color. (que por cierto es uno de mis favoritos estos días). Necesito compartirlo, con tanta gente como sea necesario. Pondremos luces de fondo, bonitas. Le pondremos música al momento, yo misma puedo tocar pero no prometo que suene bien. Pondremos unos cuantos sentimientos sobre la mesa, un arsenal de botellas y unos ojos cargados de historias que contar. Le vamos a poner ganas a este momento, las necesita. Y nos chutaremos a fuerzas si es necesario. Vamos a tocar fondo por una vez en la vida. Vamos a salir a flote como nunca antes lo hemos hecho, saldremos con unas ganas enormes de respirar. y lo más importante: saldremos.
Yo no quería hablar de esto, no quería escribir este tipo de cosas eternas.  No quería acabar hablando de los corazones, ni de las ruinas, ni siquiera os quería acabar hablando del vino. Pero a veces uno acaba hablando de cosas que no quiere, y a veces uno acaba haciendo cosas que no entran en sus planes y eso es realmente lo que cuenta. Realmente sólo cuenta lo que se vive, lo que es real y esto poco tiene que ver con ser racional porque a mí esa palabra me sigue dando alergia (mucha). Y es que me siguen dando miedo las cuestiones racionales y las manos que se pegan al suelo así que me hundiré en vino tinto y saldré a flote en otra realidad, en otra más. En una aún más surrealista dónde lo primero que haga sea darle los buenos días a la primavera.

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